Junto
a un inspirador jardín está el restaurante, un acogedor
espacio de estilo minimal con unas cuantas mesas. Su propietario,
Ábel Hernández, se encarga de atender personal e
impecablemente a los comensales.
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Escoger un plato fuerte es todavía más complicado,
pero ante la duda, la especialidad de la casa es la mejor elección.
Un magret de pato cocinado a término medio, se presenta en
finas rebanadas a término rosé, montadas sobre una
salsa de lentejas y tocino. Lejos de las presentaciones dulzonas,
la suave y jugosa carne se impregna de un sabroso saladito y armoniza
con la tersa textura de las lentejas.
Además del variado menú, existe el de degustación
que incluye cuatro tiempos y dos copas de vino ($250). El ambiente
es calido y amistoso.
Colaborador: Alejandro Zárate
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